LOS OLORES Y LA COMIDA

Los olores de un ambiente pueden ser algo agradable pero también pueden llegar a ser desagradables, y muy molestos, como para llegar a producir un dolor de cabeza. Cuando un olor desagradable ataca en el momento en que uno está disfrutando una comida, puede arruinarlo todo.

Una de las cosas que más me molesta cuando tomo un taxi, es que esté inundado de olor a desodorante de baño público, más aún cuando estoy arreglada para salir con un rico perfume. No es justo entrar oliendo a sutiles esencias de flores y salir apestando a hostal barato.

Pero los olores a la hora de comer son algo que debe tenerse muy en cuenta porque arruinan o anulan una de las propiedades de la comida, el aroma. En este sentido, hay muchos y peligrosos enemigos a tener en cuenta. Están los que van desodorizando permanentemente el local con inciensos o aromas artificiales, están los que te limpian la mesa de al lado con potentes desinfectantes o, peor, si tienes la mala suerte de sentarte cerca del baño, hay algunos de los que emanan olores a lejía (lavandina) que penetran hasta el cerebro, alterando el sentido del gusto, el placer de saborear.

El lugar donde se come no debe tener olores extraños. El oído, nariz y garganta están conectados, esto hace que los olores tan fuertes, además de anular o alterar el aroma, se terminen sintiendo en la garganta y arruinando todo el trabajo que, con esmero o dedicación pueden haber hecho los cocineros.

Hay una pizzería a la que solemos ir, a veces, saliendo del trabajo camino a casa, donde tienen la costumbre de limpiar los baños con muchos litros de lejía (lavandina) y por más que nos sentemos lejos de los baños, el olor es tan potente que termina con el disfrute del momento. Y no se justifica por el hecho de que este lugar sea considerado una pizzería-comedero, sin muchas pretensiones.

Lo peor es que cuando uno le comenta esta molestia al mozo, recibe una mirada de sorpresa, como si le estuviera diciendo algo extraño o inentendible.

Poner un bar, restaurante o cualquier lugar donde se sirvan alimentos, no debiera ser una cosa improvisada. Si les interesa que el público disfrute del lugar y su comida, no se la compliquen poniéndole obstáculos para ello.

Por su parte, las empresas que producen limpiadores o desodorantes, tendrían que tomar en cuenta que hay quienes necesitan que se eliminen olores sin taparlos con otros tanto o más desagradables.

 

Basta! La limpieza no tiene por que ir ligada a olores profundos.

SIPAN: LAS CUATRO COCINAS DEL PERU EN UN SOLO LUGAR

Con una gran concurrencia se realizó este Lunes 4 de Agosto la reinauguración de SIPAN COCINA PERUANA Y PISCO BAR del Chef peruano José Castro Mendivil que cuenta con una gran preparación gastronómica y una amplia trayectoria nacional e internacional. Comenzó sus estudios de gastronomía en Londres en el año 2003, trabajó en el Marriott Marquis Hotel de Broadway en New York luego en la multinacional de servicios Sodexho Alliance en Perú. En Buenos Aires siguió capacitándose en el Colegio de Cocineros Gato Dumas mientras paralelamente realizaba su pasantía en la cocina del Restaurante Sucre del Chef Fernando Trocca. Además ex socio y fundador de Osaka en Buenos Aires.

La decoración y ambientación tan cálida, sumado a la atención esmerada y la calidad de la comidas y las bebidas, hizo que fuera una noche fantástica, con música peruana de fondo y todos los invitados mas que encantados.

Entre los presentes estuvo la reconocida chef Dolly Irigoyen además de representantes de las principales bodegas como Chandón, Salentein, Navarro Correas y La Rural. También asistieron los presidentes de Visa Corporation, Merril Lynch, clientes y amigos de la casa.

Dr. Guillermo Vattuone,  Katia Documet Silva,  Silvana Alvarez Solari y  Raúl Miguens de Cristalería Vitalia, Antonio Fernández de la Bodega Finca La Luz de Mendoza, Ana Cecilia Gervasi Díaz – Consejera de la Embajada del Perú en Argentina , Carlos Echeverría – uno de los desarrolladores de la bebida la Chola de Oro, Daniela Gigax y Jose Castro Mendivil – propietario de Sipán Cocina Peruana y Pisco Bar.

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MOZOS ¿los de antes?

Recuerdo año 75, primer viaje a la Argentina con toda mi familia, papá, mamá y 4 hermanos. Movernos por la ciudad ya era complicado porque teníamos que trasladarnos en dos taxis permanentemente, cuando lográbamos pararlos por supuesto, casi siempre se ponían nerviosos creyendo que mis papás pretendían meternos a todos en uno solo.

Lo que no me olvido nunca es cuando llegaba la hora de comer, después de un día de recorridos interminables, y muertos de hambre, nos decidíamos por algún restaurante. Casi siempre terminábamos en La Pipeta, por la cercanía al hotel. No hacíamos mas que llegar y el mozo se desvivía en atenciones para con nosotros, nos ubicaba en una mesa cómoda para los siete que éramos, luego todos alocados pedíamos y preguntábamos absolutamente toda la carta, después de marearlo bien hacíamos el pedido y sin tomar nota de nada, el mozo volvía al rato con todos los pedidos de manera impecable y sin error alguno. No sé si era la propina, pero no creo pues eso pasaba en casi todos los restaurantes donde íbamos, los mozos se caracterizaban por su buena presencia, amabilidad, predisposición, control permanente de todo lo renovable como el pan y bebidas y además, un perfecto conocimiento de todos los platos de la carta.

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