LA DOCEAVA ESTÁ PARA JUGAR EN LA SELECCIÓN 5.

Una tarde, a la hora del almuerzo, mi hermano Pablo nos propuso ir a picar algo. Obviamente accedimos, sin saber a dónde iríamos.

En el camino nos comentó  el nombre del lugar, La Doceava. Nunca antes lo había oído mencionar,  pero me fui dando cuenta que quedaba por donde estos últimos años se han ido instalado varias cebicherías, algunas que tuvieron mucho éxito pero que, lamentablemente, al bajar la calidad fueron perdiendo a su público, como una Isla que quedó Escondida. Y es que el público es fiel, pero a la buena comida.

Cuando llegamos al lugar me pareció pintoresco ya desde afuera.  Eran unas mesitas con toldos, todo impecablemente puesto en lo que vendría a ser la vereda, pero una vereda alfombrada con grass artificial color verde.

Una atención esmerada desde el momento de estacionar el carro hasta el momento de retirarse.

Me comentaron que comenzó siendo sólo en un garaje y poco a poco fue creciendo, hasta tener prácticamente dos locales juntos y obligar a cerrar un local de al lado por acaparar toda la clientela de la zona. A las chicas tengo contarles que hasta el baño de este lugar se puede visitar con confianza, muy cómodo y reluciente. Algo importante para las mujeres y en el que, normalmente en este tipo de restaurantes, tenemos las peores experiencias por diminutos, sucios y/o incómodos. No fue el caso.

Pude tomarme un excelente Pisco Sour, un Coca Sour y además probé el famoso Chilcano, tan de moda por estos días. Y ahora a la comida, que es lo importante en este Blog. Este, como muchos otros, fue un almuerzo ligero porque todas las noches salíamos también a cenar y había que dejar capacidad como para poder disfrutar ambas comidas, sin grandes atracones.

Solo fueron tres platos, pero ¡Qué platos!

 Comenzamos con un Piqueo Submarino, sin dudas, una de las cosas más ricas que he probado en mi vida. Una Causa rellena bañada en salsa de ají amarillo, Pulpo al Olivo, Cebiche Clásico y Tiradito. Las fotos hablan por sí solas  y también muestran que no dejamos ni una sola gota en las conchas que vaciamos, a punta de cucharas, todos los juguitos que tenían.

Enseguida vinieron Los Cuatro Cebiches que fue la gloria. Auténticos cebiches con sabores de siempre, incluido el de conchas negras, sabores que estoy buscando últimamente y con pena noto que se están perdiendo frente a tantas fusiones y alborotos. Pero este tema ya fué debidamente tratado en otro post.

Finalmente aparecieron unas Conchitas a la Parmesana de lujo, donde hasta el adorno, que eran unos hilos de camote fritos, eran un manjar.

¿Qué les puedo decir de La Doceava? Fue el gran descubrimiento y se lleva, lejos, el título de Restaurante Revelación de mi temporada en Lima 2010.

¡Que grande La Doceava!

LA DOCEAVA
Jr. San Ambrosio 401
Barranco
Lima

FUSIONES EN BRAVO RESTOBAR 4.

 Christian Bravo es un chef bastante mediático, pero de los que demuestran que la cocina es su pasión y no solo un negocio. Fuimos en la noche y cuando llegamos el lugar estaba repleto, igualmente nos hicieron esperar en una pequeña recepción con un par de silloncitos muy cómodos y una mesita como para ir tomando algo.

Pregunté en la recepción si podría hablar dos palabras con el chef Christian Bravo y me dijeron que le iban a avisar. Al ratito se presentó muy amable pero, lamentablemente, ya se estaba por retirar a su local en el Boulevard de Asia (playa a 100 kms. al Sur de Lima), por lo que no hubo oportunidad de conversar con él. Me dejó su tarjeta por alguna inquietud que tuviera, me sugirió que se la hiciera llegar por mail y me autorizó a que tome todas las fotos que quiera.

No esperamos mucho y nos hicieron pasar. Bravo Restobar es muy acogedor, tiene una barra muy llamativa y completa. La decoración es bastante moderna pero con aires orientales, suaves telas que caen del techo creando ambientes y una media luz que logra sensaciones de calidéz.

Pedimos distintos tragos con Pisco y una Parrilla Marina para comenzar. Las conchitas, choritos, colitas de langostinos, pulpitos, calamares y trozos de pescado de esa parrilla eran impecables y se notaba la elaboración al momento porque los bocados estaban tiernos y crocantes. Venían acompañados de muchas yucas fritas y una salsita huancaína. Las yucas estaban un poco duritas para mi gusto.

Algo novedoso en Lima y muy práctico me pareció el sistema de llamar al mozo y pedir la cuenta. Esto se hace a través de un aparatito inalámbrico que está en medio de la mesa y que tiene 3 botones, los cuales mandan una señal a un reloj especial que tienen los mozos en sus muñecas y éste les indica claramente la mesa y el motivo del llamado. Cuando uno quiere llamar al mozo presiona el de mozo, este viene y lo apaga con el botón que tiene una X y finalmente cuando uno quiere la cuenta presiona el botón de cuenta y se la traen. Genial para no tener que estar estirando el brazo cada vez que uno necesita algo.

Me encantó el Pez Espada a la parrilla con Tempura de espárragos y servido con un Risotto de zapallo loche y culantro que lograba una fusión perfecta de sabores y aromas.

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VAMOS A COMER CON PANCHITA 3.

Este lugar estaba incluido prioritariamente en mi lista cuando programé mi viaje a Lima. Tuve la suerte de ser invitada por uno de mis hermanos y su novia, quien disfruta organizando eventos y no dejó un sólo detalle sin cuidar. Era mi segunda noche en Lima.

Al llegar, nos encontramos con una excelente recepción y a medida que fuimos entrando fui cautivada por la puesta del local. Podría decirse que tiene una decoración recargada, pero sin llegar a la saturación, repleta de detalles muy peruanos y muy bien elegidos. Realmente toma su tiempo poder observar cada uno de los miles de objetos puestos en Panchita.

No puedo de dejar de mencionar en este momento a Willy, nuestro mozo estrella, un genio en servicio y amabilidad.

Acá tampoco pude tomar Pisco, pero no porque no hubiera, sino porque ya estaba organizado por mi cuñada tomar vino y no tenía intenciones de que me saquen cargada.  Además pienso que estas dos bebidas no combinan absolutamente para nada. Cabe resaltar que en Panchita uno puede llevar sus botellas y le cobran sólo el descorche. Esa noche tomamos vino peruano, Intipalka, un Malbec que me sorprendió por su excelente calidad y además por ser muy agradable para tomar.

Un comentario aparte merece la panera, por lo abundante y por el sabor de sus panes, acompañados de unas salsitas.

Al ratito, se apareció Willy con un Piqueo Criollo que contenía Ají de Gallina, Patitas con Maní, Carapulcra y Olluquito con charqui. ¡Todo absolutamente delicioso!

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