MISTERIOSA DESAPARICIÓN DE UN CRÍTICO GOURMET SUIZO TRAS CENAR EN EL BULLI

El crítico gastronómico Pascal Henry, suizo de 46 años, soñaba hacer un tour gastronómico, con los ahorros de toda su vida, a bordo de una motocicleta, por los 68 restaurantes con tres estrellas Michelin del mundo, pero algo extraño sucedió hace ya dos meses, el crítico salió del restaurante y no lo encuentran por ninguna parte. Esta noticia ha dado la vuelta al mundo, algunos se lo han tomado muy en serio, otros no tanto, tampoco se puede dejar de suponer que pueda tratarse de una estrategia publicitaria, lo cierto es que el crítico gastronómico no aparece y genera preocupación. No obstante la gravedad de la situación, la gente lo ha tomado con humor como se ve en los comentarios al pié de la nota del diario La Vanguardia de España. Todo esto generó además que se desempolvara la guerra mediática de los chefs Ferran Adrià Acosta y Santi Santamaría .

Foto del diario El País

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ENTRE OLLAS y SIFONES

Suele suceder, como en casi todos los rubros, que entre cocineros se saquen chispas cuando hay rivalidad de por medio. Es el escándalo del momento entre los archiconocidos Santi Santamaría, chef catalán de 51 años, con seis estrellas Michelin repartidas entre sus restaurantes, Can Fabes (Barcelona); Santceloni, en el hotel Hesperia de Madrid; Evo, en el Hesperia de Hospitalet (Barcelona); y el restaurante del Hotel Gourmand Valdepalacios (Toledo), y Ferran Adrià Acosta, “el alquimista de la cocina”, de 46 años, nacido en Barcelona, chef y propietario del Restaurante El Bulli situado en Cala Montjoi , Gerona, España y distinguido con tres estrellas Michelin.

Por un lado Santamaría, que publicó su libro “La cocina al desnudo” y premiado por Temas de Hoy con 60.000 euros, donde critica básicamente a Adrià por las espumas, esferas y humos que él considera son parte de una cocina alejada de las raíces, además de los productos y técnicas que usan. “No me da vergüenza reconocer que soy empresario”, dice Santi, que ya en Madrid Fusión, les había dicho que eran unos farsantes y que cocinaban sólo por la plata.

Santamaría asegura no haberle faltado al respeto a nadie, dice que sólo sacó un tema que tarde o temprano tenía que salir, un tema que viven los cocineros, los gastrónomos, los medios y la sociedad entera. El sugiere que las cartas de los restaurantes deben informar acerca de los ingredientes de los platos y de los aditivos químicos, en el caso de que los lleven. Aunque admitió que usa un “mínimo” de aditivos industriales en su cocina, aseguró que en los próximos meses trabajará por “no usar ninguno”.

Santamaría se defiende de los que lo han acusado de polemizar para promocionar su libro, alegando que el 50% de lo recaudado se destinará a la lucha contra la Esclerosis Múltiple y el resto a algunas asociaciones para la defensa de los derechos de los consumidores.

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