ASIA, DONDE TODOS SE RELAJAN 6.

Hace unos años “Asia” no era más que una playa al Sur de Lima, en realidad era una playa que estaba a la altura de una ciudad que se llama “Asia” y que está ubicada algunos kilómetros sierra adentro, pero fue creciendo tanto que hoy es un fenómeno que merece un análisis sociológico, porque no se convirtió en una ciudad más sino en una suerte de complejo urbanístico muy novedoso.

El “meeting point”, el centro social, comercial y cultural de “Asia”, es el “Boulevard”, una especie de mega shopping al aire libre donde uno encuentra casi todo, desde el maravilloso supermercado Wong, pasando por tiendas exclusivas como Nu, disquerías, librerías, artículos para el hogar, decoración, bares, restaurantes, bancos, farmacias, un centro cultural con teatro y hasta una muy profesional pista para kartings, pero hay un detalle donde se advierte la herencia cultural de la zona, todo eso está rodeado por un muro de piedra, simil incaica, de más de 3 metros de alto. A la fortaleza se ingresa por dos o tres entradas, controladas, donde, por supuesto, se cobra el estacionamiento, aunque uno sólo pretenda entrar y salir, sin estacionar, es decir, se cobra el ingreso. Eso es el Boulevard. En los alrededores hay algunos comercios y algunas viviendas pero no es eso lo que ha crecido hasta convertirse en ciudad sino otros complejos urbanísticos sobre el mar, algunos kilómetros distantes del Boulevard y diseñados con estilo moderno, aunque colectivista, cuidando celosamente la uniformidad estética. A esos complejos y al Boulevard se accede en las 4×4, que parecen ser el medio de locomoción obligatorio en la zona. Es muy lindo “Asia”, o como dicen las chicas y chicos que se creen con onda, “eisha”.

He visitado “Asia” hace dos años y quedé maravillada, este año la he notado algo estancada, más rígida en cuanto a normas de comportamiento, más snob y con cierto deterioro en cuanto a la calidad de lo que ofrece y la atención, que tanto valor agregado le da a la gastronomía peruana.

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MI RUTA GASTRONÓMICA LIMA 2010

Después de dos largos años regresé a Lima, con la misma ansiedad y desesperación de siempre por ver a mi familia, amigos y, obviamente, para poder disfrutar todo lo posible de nuestra comida.

Es increíble cómo, ya desde el avión, cuando el piloto anuncia que estamos por aterrizar en el aeropuerto Jorge Chávez de Lima, se repite siempre lo mismo: comienzo a sentir todo tipo de emociones y no veo la hora de estar pisando tierra peruana y poder abrazar a toda la gente que tanto quiero y extraño. Mi mamá por sobre todas las cosas.

Me hubiera gustado quedarme más, la verdad fueron pocos días, pero traté de aprovecharlos al máximo posible y mi familia colaboró mucho con ello.

En mi recorrida culinaria descubrí algunos lugares increíbles y altamente recomendables. Volví a los clásicos de siempre, que nunca fallan, y también tuve algunas lamentables decepciones.

En los posts siguientes contaré, breve pero lo más detalladamente posible, mis experiencias en estos lugares. Aclaro que son “mis” experiencias, que no necesariamente son las que puedan haber tenido otros, con más o menos suerte que yo.

Pero antes de comenzar con los restaurantes, tengo que felicitar de nuevo a mi hermano, Pablo Documet, que no deja de sorprenderme con platos dignos de repetir más de una vez.  No sé si es el mar que lo inspira, pero esta vez como hace dos años en Punta Hermosa, fue en Asia del Mar donde nos deleitó con tantas exquisiteces.  Un día fueron “Spaguetti a la Marinatta” (sic), cintas perfectamente cocidas con una salsa deliciosa repleta de mariscos. También preparó un Ají de Gallina espectacular, servido con papitas amarillas y arroz blanco graneado, realmente sabroso. Otro día se esmeró en la elaboración de un Risotto de Mariscos, todo un lujo. ¡Felicitaciones! Pero me debe esa Paella tan aclamada que siempre hace y este verano me quedé con las ganas.

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