POZO SANTO el ESTILO y la TRADICIÓN LIMEÑA

Pozo Santo

Llegar a Pozo Santo es como estar en un buen restaurante de Miraflores o San Isidro en Lima, pero en el corazón de Palermo. Un portón imponente a la entrada para ingresar a este hermoso lugar donde se respira aire limeño en todos sus ambientes, donde se ve mucho cuidado en la calidad de cada detalle que no deja de sorprender a cada momento. Y es que este restaurante llama la atención, en primer lugar, por la excelente decoración tan peruana, que se ve únicamente en las tradicionales casas limeñas.

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GOLOSINAS CHICHA

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Aquí estoy, después de las vacaciones, que aunque no fueron como uno imagina, en el mar y con una palmera, sino en la ardiente ciudad de Buenos Aires, haciendo turismo con mi mamá y una sobrina de visita, igual fueron geniales porque disfruté mucho de cada momento con ellas.

Como siempre que recibo visitas de Lima, espero con muchas ansias las golosinas que mas extraño pero, al verlas, noto que, poco a poco, mi lista se va reduciendo, ya que con el tiempo me fui llevando muchas desilusiones, por las deformaciones que fueron sufriendo, que ya casi no pido nada.

Pero, esta vez, llegaron a tocar una de las mas sagradas para mí, el CUA CUA. Los que lo han probado saben de qué estoy hablando. Un rectángulo de wafer relleno de crema y bañado en chocolate, tan irresistible como adictivo. Fui tolerando que, con los años, le vayan cambiando las etiquetas, aunque para mi gusto no tendrían que haberla cambiado jamás, pero lo que llegó a mis manos este año fue realmente lamentable, una cosa parecida a un rectángulo y que no tenía bordes definidos, al que le habían reducido significativamente su espesor y hasta el sabor era distinto. Ahora me entero que están lanzando, como ellos mismos dicen, “El clásico sabor del wafer Cua Cua, ahora también relleno de crema con ralladura de coco cubierto con delicioso sabor a chocolate”, ¿Cómo que “sabor a chocolate”?, ¿Es que ya no es más chocolate? Y, por si fuera poco, otros con sabor a fresa… no siempre innovar es mejorar.

Algo como esto ya me pasó hace unos años cuando, en una visita a Lima, me compré unas Princesas (cuadraditos de chocolate con una capa en medio de crema de maní y que en Argentina podría compararse con los famosos bocaditos Marroc) y al ver el empaque ya noté que era distinto, luego, cuando le saqué el envoltorio noté una diferencia también en lo físico y finalmente cuando me lo metí en la boca sentí que se trataba de un cuadradito de plástico, que no tenía sabor a nada y que podría haberlo tenido en la boca tranquilamente 24 horas sin que se derritiera ni una pizca. En ese momento eso me pareció tan grave como lo que está pasando con los Cua Cua.

Y el problema es que, fueron cambiando tantas veces de dueño, que uno ya ni sabe qué está comprando. Las marcas originales, como D’Onofrio y Field, fueron compradas por empresas que ya no se preocupan tanto por el gusto local, sino por elaborar productos que se puedan vender en muchos países a la vez. Aparecen empresarios chicha que solo se preocupan en obtener ganancias a corto plazo y no piensan en el futuro de las golosinas y menos aún en la calidad de éstas. Chicha podría definirse como un vintage exagerado y escatológico, que se caracteriza por la falta de calidad y buen gusto, que en un inicio se aplicó a la música, luego a la prensa amarilla y finalmente a toda una cultura que se ha extendido por la ciudad tanto en la comida, la arquitectura, la indumentaria y todos los rubros que uno pueda imaginar. Sigue leyendo