ALMUERZO CON AIRES PERUANOS EN TORCUATO & REGINA

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Torcuato & Regina es un Bar+Bistró muy lindo y con una ubicación privilegiada, una verdadera postal parisina con la mejor vista de la Plaza San Martín, en la falsa ochava que hace la Av. Santa Fe con lo que era la entrada para carruajes del Palacio Paz, actual sede del Círculo Militar, en la zona de Retiro. Torcuato & Regina lleva ese nombre por la romántica historia de amor entre el ex-Presidente Marcelo Torcuato de Alvear y la soprano Regina Pacini.

El Domingo 4 de agosto presentaron un Menú Degustación Peruano de 4 pasos, maridados con vinos de Bodega Finca Los Maza. Este Menú estuvo a cargo de David Mayorga, chef ejecutivo del restaurante El Tambo, del Meliá International Hotels de Lima, Perú.

Por todas las experiencias que tuve desde que llegué a Buenos Aires, en el año 1999, en diferentes oportunidades en las cuales cocineros peruanos vinieron invitados, ya sea por hoteles o restaurantes, para elaborar platos peruanos, saco la conclusión de que no es una tarea fácil. Algunas veces porque no logran traer todo lo necesario y en otras ocasiones porque tienen que adaptarse, en muy poco tiempo, a una cocina en la que nunca antes trabajaron.

Este Menú tuvo aciertos y algunos errores, que les comentaré mientras vaya describiendo los platos.

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Comenzamos con un Pisco Sour poco convencional. Muy rico pero al parecer tenía un toque de jugo de naranja o toronja (pomelo) porque tenía un color naranja y un sabor distinto al clásico Pisco Sour. Igualmente se le podría poner otro nombre y pasar a formar parte de la carta de cocteles, ya que estuvo muy bueno. Pero no era Pisco Sour clásico.

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Para empezar, trajeron un plato con una rueda de Calamar Relleno con arroz con mariscos, pero se desarmaba completamente porque el arroz no estaba amalgamado sino, por el contrario, demasiado flojo, como también sucedía con el sabor. El Tiradito de Pulpo, eran láminas de pulpo bañadas con una salsa de ají amarillo rico y picantito, y una salsa de aceitunas negras, hecha con aceitunas de acá. No sé por qué razón pero en Perú la crema de aceitunas siempre da un color uva y acá el resultado suele ser más bien amarronado. Mi amigo riojano tiene una explicación para eso pero no sé si es el caso. Además vino un Chorito a la Chalaca, que estaba rebozado y frito, servido con la clásica salsa criolla de la versión a la Chalaca. Hay que usar bien los términos porque no es lo mismo gratinado que rebozado.

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Seguimos con un Tiradito de Lenguado con crema de ají amarillo, muy rico realmente, así como el Cebiche de pescado, que estaba delicioso y muy bien preparado, acompañado de un camote glaseado que ayuda a que se parezca mucho más al camote peruano. La Causita con escabeche de pescado también estuvo deliciosa, porque fue elaborada con verdadera papa amarilla, traída de Lima por el chef.

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Continuamos con un Lomito Saltado que me decepcionó porque, con la carne que se consigue acá, no se puede tener como resultado unas tiras demasiado finas y secas de carne. Le hicimos notar al mozo que nos faltaba el arroz blanco y la salsa criolla de la Jalea, a lo cual nos dijo que seguramente había sido un error en la impresión del menú, por lo que nosotras le explicamos que el plato original viene así y que no se trataba de un error. Se los llevó amablemente a la cocina y volvieron con el arroz blanco y una salsa criolla elaborada al estilo argentino. En Perú, se corta la cebolla en Juliana y en Argentina se pica Brunoise. Las papas que acompañaban el Lomo Saltado eran papas Noisette, muy secas y parecían las que venden precocidas. El Ají de Gallina estuvo delicioso, servido sobre ruedas de papa blanca y fue uno de los mejores platos.  La Jalea de mariscos también fue otro de los platos bien logrados pero no tuvo la misma suerte la yuquita frita, que estaba demasiado dura.

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La parte dulce también tuvo sus bemoles. El Suspiro Limeño estuvo riquísimo y en una cantidad justa, por el dulce empalagoso que suele tener. El Picarón vino con una cierta resistencia al cortarlo. Nunca antes me había tocado un picarón duro. La miel estaba muy rica, aunque algo espesa. El Arroz con leche venía servido con una granita de chicha morada y fresa al oporto. Lamentablemente, como nos comentó el chef, por el calor de la cocina nos llegó a la mesa un arroz con leche bañado en chicha líquida. Era extraño a la vista y al paladar, pero seguramente con la granita sería más interesante. Igualmente, el arroz con leche me pareció más argentino que peruano, es decir, elaborado con leche fresca y no con leche evaporada y condensada.

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Para culminar nos trajeron un Shot frío de Pisco y un café expreso.

Repito lo que dije al inicio: sé lo difícil que es hacer un menú peruano en un restaurante donde no se trabaja diariamente y con un equipo que no es el de uno y en la Ciudad de Buenos Aires, donde se hace muy difícil conseguir los ingredientes. Es por eso que valoro el esfuerzo y las ganas de querer presentar comida peruana en un lugar donde habitualmente no se hace, aunque el resultado no haya sido en todo lo que ofrecieron. Seguramente, si el chef hubiese tenido el tiempo para ver cómo funcionaban el equipo de cocina y los ingredientes adquiridos en el mercado local, hubiera podido corregir o descartar algunas propuestas, ofreciendo un menú más compacto y mejor logrado. Pero eso no suele ser posible cuando un chef es invitado para un evento singular.

Al margen de este Menú Peruano, Torcuato & Regina es un lugar muy recomendable y su especialidad son los platos de la cocina internacional y mediterránea. Yo disfruto sobre todo tomar una cerveza o una copa de espumante en las mesitas de la vereda o el té por las tardes en el salón. Tienen muy ricas picadas, como la Tabla de quesos, las Salchichitas ahumadas glaseadas en Malbec, el Paté de foie al Cognac con Chutney de cebollas y los Langostinos y las Aceitunas empanadas y fritas.

Es un placer!

Torcuato & Regina Bar+Bistró
Avda. Santa Fe 772
Telf. 4312-9410

FIESTAS PATRIAS EN BARDOT Nueva Cocina Peruana

Se acercaba 28 de Julio y un menú muy provocador, presentado por BARDOT Nueva Cocina Peruana, hizo que éste fuera el lugar elegido para dicho festejo. Fuimos con amigos, unos nos animamos al “Menú Degustación” y otros pidieron platos de la carta.

BARDOT tiene un atractivo muy especial para mí: Es el único restaurante en Buenos Aires que ofrece en su menú Tacacho con Cecina, un plato típico de la selva peruana.

El lugar sigue teniendo casi la misma decoración de siempre, aunque se la ve algo gastada y ha perdido un poco del glamour de sus inicios, quizás porque no está mas el gran cuadro de Brigitte Bardot que presidía el living de la entrada y le transmitía mágicamente algo de su personalidad a todo el restó, que nació francés y un día se peruanizó, sólo en la carta.  Esa dualidad –un restó francés que servía comida peruana – lo hacía especial. Ojalá que lo puedan rejuvenecer un poco, sin cambiarle el estilo.

Comenzamos con un clásico Pisco Sour, para brindar por el Perú, que estuvo exquisito. Nos recibió una panera, bastante floja, acompañada con una salsa de portobellos. La verdad es que yo hubiese disfrutado mucho más las clásicas salsas peruanas de Huancaína, Ocopa o Huacatay.

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Los platos de la Degustación estuvieron muy buenos y, además, en cantidades razonables, por tratarse de una degustación. Paso a describir los pasos en que consistió dicha degustación:

Comenzaba con un Cebiche clásico de Lenguado, muy bien preparado, aunque elaborado para paladares argentinos, es decir, con menos picante del que llevaría en Lima. Eso sí, como había peruanas en la mesa, nos trajeron un picante aparte, que era fuego puro. El camote era una pincelada en el borde del plato, original pero insuficiente.

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El plato que seguía en el menú, decía Causa Limeña pero lo que vino, en realidad, fue una degustación de cuatro mínimas causitas, en las que no lograban definirse bien los sabores, pero estaban ricas.

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El Chupe de Langostinos vino servido en unas lindas cazuelitas y estuvo realmente delicioso.

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El Chaufa Amazónico, un plato novedoso y muy acertado por la combinación de sabores en su preparación, es otro plato que merece repetirse en una próxima visita. Estuvo tan bueno que no dió tiempo a sacarle la foto.

Como platos de la carta pedimos Tacacho con Cecina, uno de mis platos preferidos. Fue maravilloso, como comerlo en Iquitos, Tarapoto o donde uno se imagine de la Selva peruana. El Tacacho, es el plátano bellaco frito y majado, que se mezcla con manteca (grasa) de chancho y trocitos de chicharrón. La cecina es la carne de cerdo seca y ahumada –el plato tradicional sería con sajino. Y la salchicha o chorizo regional, es un embutido preparado con los intestinos delgados del cerdo y relleno con carne molida de éste pero bien condimentada. Me quedé con muchas ganas de traerme una porción a casa pero me comentaron que la demanda de la tarde había arrasado con todo. Esto es solo una porción del plato.

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Pedimos además unas Papas a la Huancaína, que no era lo que esperábamos. La salsa estaba perfecta pero no la sirvieron sobre ruedas de papa como se acostumbra, sino sobre una especie de rollo y bolitas de masa de papa hecha puré. Esto no convenció mucho a quienes la probaron.

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También pedimos una Jalea de Mariscos que estuvo realmente excelente, acompañada con la clásica salsa tártara y una novedosa salsa de aceitunas. Otro plato súper recomendable!

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El Lomo Saltado de la carta es un plato glorioso y digno de pedir. Carne extremadamente suave y jugosa, con todos sus sabores bien ahumados, como debe ser, viene acompañado de un huevo poché para reventar la yema y saborearla mezclada con el arroz blanco o las papas fritas, que dicho sea de paso, eran muy pocas. Si le agregaran unas cuantas papas más, este plato sería realmente majestuoso!!!

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Pasando a los postres:

El Suspiro Limeño estuvo perfecto y aunque se mantenía el sabor clásico, se podía sentir un toque novedoso en sus sabores.

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Unos Lingotes de Maracuyá bañados en Chocolate y unas Esferas de Chocolate rellenas, servidas con helado de crema. Estos dos postres, aunque eran hermosos a la vista, no lograron emocionarnos tanto como lo hizo el Cinco Leches.

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El Cinco Leches es un postre impresionante. De gran delicadeza, tanto en texturas como en sabores. El postre ideal para terminar una noche llena de sabores peruanos y llevarse las ganas de volver para pedirlo una y mil veces.

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Hoy la cocina de Bardot está a cargo del chef Luis Manuel Uscamayta Oxa, quien muy amablemente se acercó a nuestra mesa, al final de la comida, para saber si todo había estado correcto. Otro dato a resaltar es el mozo que nos atendió, que recordó perfectamente todos los pedidos de cada uno sin tomar nota, algo que se valora y no se ve muy seguido en los restaurantes de Palermo y menos en los peruanos.

BARDOT Cocina Peruana, una opción  para disfrutar de platos peruanos, con presentaciones diferentes pero con los sabores auténticos y en un ambiente ideal para ir en pareja o con amigos.

Detalle final de la comida, unos entrañables caramelos de chicha morada para el viaje a casa.

BARDOT – Nueva Cocina Peruana
Honduras 5237
Telf 4831-1112

CON CABRERA, SIPAN VOLVIÓ A SER UNA OPCIÓN

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Hace mucho que no iba a Sipán de la calle Paraguay y un mensaje del cocinero Manuel Cabrera, comentándome que ahora estaba trabajando ahí , hizo que me provocara ir. Y les cuento por qué: Manuel Cabrera era el chef a cargo de la cocina en lo que, en su momento y para mí, fue la mejor y única Sanguchería peruana en Buenos Aires. Para los que no lo saben, los sánguches en Lima son considerados casi un plato por lo deliciosos y elaborados que son.

Lamentablemente, Manuel tuvo un accidente laboral y para desgracia de todos los que disfrutábamos de su comida, lo desvincularon de Perú Express.  Sin Manuel, Perú Express terminó cerrando, porque es así. Un restaurante no funciona porque es lindo, porque tiene onda o porque los mozos son atentos. Es un conjunto de todo eso pero fundamentalmente es por la calidad de la comida.

Ayer por la noche fuimos a Sipán y puedo asegurar que todo lo que comimos fue espectacular.

Paso a mostrarles lo que disfrutamos.

De cortesía, nos recibieron con un Wantán con salsa tamarindo.  Un Wantán delicioso con su salsa agridulce como nos gusta a los peruanos.

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Una Cucharita con Tiradito Tiracuyá. Láminas de salmón rosado, bañados con miel de maracuyá muy interesante y coronado con masa Philo. Para pedir ese plato la próxima visita.

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Unos Rolls Sipán, relleno de langostinos furai como protagonista y acompañado por tartare marino, queso y cubierto por láminas de palta bañadas en salsa tare.

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Pulpo al Olivo servido en cucharas. Delicioso!!!

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Tiradito Mi Perú. Tiradito de Lenguado con una salsa de ají amarillo muy delicada y acompañado de camotes glaceados.

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Conchitas de Pulpo a la Parmesana. Un plato impactante con sabores que eran un festival en la boca.

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Una espectacular causa rellena de pollo, salmón ahumado y palta. Coronado con hojuelas de camote frito.

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Infaltable, el Picante de Langostinos servido en unas ollitas muy lindas y acompañado del clásico arroz blanco.

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Y para terminar todo este banquete delicioso, nos ofrecieron una Mousse de tres chocolates al Pisco. Un postre muy delicado e ideal para calmar la boca de los picantes y sabores importantes de cada plato.

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Eso sí, me gustaría un día poder pedir el famoso Chessecake de Maracuyá  o el Suspiro Limeño, que solo Manuel sabe hacer tan bien.

Sin dudas,  voy a volver pronto!!

SIPAN Cocina Peruana
Paraguay 624 Retiro
Tel: 4315-0763

ASTRID Y GASTON DE BUENOS AIRES QUEDÓ EN BUENAS MANOS…

Y La Nación Revista,  por fin, accede a un verdadero cocinero – Hernán Taiana- y deja descansar a los hábiles marketineros Martiniano Molina y Máximo López May, cuyas recetas sólo suelen prosperar en el papel impreso.

Hoy, después de tantos atropellos a la cocina peruana propinados por los habituales vendedores de humo, pude disfrutar de la Sección Cocina, esta vez dedicada a los sabores peruanos  a cargo de Hernán Taiana, cocinero en serio, de bajo perfil pero con una respetable trayectoria.

Gastón Acurio y Roberto Grau, seguramente estarán más que tranquilos porque el restó de la calle Lafinur ha quedado en muy buenas manos.

Les dejo el link a la página donde podrán apreciar unos Tatakis de Salmón Rosado con Salsa Grimanesa, unos Montaditos de Pato en Pan de Papa y ensalada criolla,  Cebiche Puerto Pizarro y Mini Tacu Tacu a lo Pobre, creaciones de Hernán Taiana.

Además en la página se podrá ver un pequeño video con la presentación de los platos a cargo del mismo chef.

http://www.lanacion.com.ar/1539735-bien-de-verano#comentar

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LA ROSA NÁUTICA EN PUERTO MADERO

La Rosa Náutica es uno de los restaurantes emblemáticos de Lima, desde que abrió sus puertas en 1983 sorprendió a todos con su espectacular ubicación, sobre una larga escollera de maravillosa estructura, que a pesar de ser rústica para soportar los aires marinos, derrocha clase.  Por dentro sigue cautivando a la gente por la variedad de salones y galerías que asoman sobre el mar, de donde uno no se quiere ir nunca.  Y aunque tuvo algún momento de abandono, La Rosa Náutica nunca perdió ese glamour que supo tener desde su creación. Hoy sigue siendo uno de los restaurantes más importantes de Lima,  elegido por todas las personalidades que nos visitan, y es ideal para ir a comer muy bien o, simplemente, tomar un trago con esa sensación de estar metido en el medio del mar, escuchando el sonido de las olas y respirando el aroma a sal.

Me enteré de la apertura de La Rosa Náutica en Buenos Aires por un amigo que pasaba por ahí y me llamó para comentarme que estaban por inaugurar el restaurante. Desde ese momento me generó mucha intriga pensar en cómo lograrían poder transmitir al público de Buenos Aires, lo que es La Rosa Náutica de Lima.

Luego de unos meses, en los que uno supone que ya están bien instalados, decidimos ir con unos amigos. Llamé por teléfono un Miércoles y pedí la reserva para cuatro personas para el día Viernes a las 9:30 p.m.  Llegamos al restaurante, luego de una intensa búsqueda, ya que nos costó encontrar el lugar, porque el cartel con el nombre en la fachada prácticamente ni se ve, y luego de esperar unos 15 minutos en la recepción, sin que nadie asomara, se fueron juntando un par de parejas más. En ese momento apareció una chica, bastante parca en su trato, que cuando le dije que tenía una reserva, comenzó a buscar mi nombre en una lista, en la que nunca me encontró. Según me explicó después –sin preocuparse demasiado -, la persona que tomó mi reserva se había equivocado y me había anotado para el día Jueves. Este error ya lo había leído en una guía gastronómica como algo recurrente. La chica nos dijo que era imposible conseguir una mesa antes de una hora porque tenían todo tomado, pero que podíamos pasar al bar de la entrada donde tenían unos sillones con mesas bajas. Tendría que haber dicho que no, pero decidimos quedarnos para probar la comida y conocer el lugar.

La decoración del  lugar no se parece absolutamente en nada a la de su par limeño. Obviamente, no se puede pretender igualarlo porque sería imposible dadas las condiciones del puerto en Buenos Aires, donde los docks ya están hechos y solo queda la opción de decorar.  Pero igualmente, la decoración es bastante pobre, mas parecida a las cebicherías que abundan en Lima y muy lejos de parecer un restaurante de categoría, como pretenden sugerir los precios de la carta.

Detalle que me pareció bastante machista en estos tiempos, es que a las mujeres nos entregaron una carta sin precios. Esto les debe resultar muy simpático a los señores que van acompañados de señoritas que no saben de comida y simplemente piden el plato más caro para hacerse las finas, pero a mí  realmente no me agradó no saber lo que se va a pagar por cada plato.

El ambiente donde nos ubicaron era realmente tan oscuro que no se podía leer la carta ni ver bien la comida. Nos trajeron un piqueo de cortesía muy rico,  tenía una crema de queso tipo ricota, aceitunas verdes y negras, papines en rueditas y un trocito de pescado en escabeche. Hay que resaltar que la panera es muy completa, con panes variados y deliciosos. Además nos trajeron, ají amarillo, rocoto y mantequilla.

El mozo que nos comenzó a atender fue bastante atento y cuando le comentamos si existiría la posibilidad de pasar a una mesa porque estábamos incómodos, nos dijo que en ese momento iba a ver y nos avisaba. Volvió de inmediato, nos dijo que sí  y que ya nos estaban armando la mesa. Pero esa solución, de empezar en la recepción y, cuando estuviese disponible, pasar a una mesa, se le tuvo que ocurrir a mi marido, no a la recepcionista (de ningún modo se la podría llamar maître).

Pasamos a la mesa y notamos que éstas estaban muy pegadas una a la otra, además de ser mesas bastante pequeñas para un restaurante del nivel que pretenden.

Un simpático mozo peruano se sumó para atendernos junto con el atento mozo del inicio, que era argentino y muy efectivo para resolver  situaciones. Luego apareció un señor, que se presentó como “Encargado de los vinos” (la verdad es que tampoco se lo podría confundir con un sommelier) que nos advirtió que no tenía mucho tiempo y que entonces nos dejaba la carta para que vayamos mirando mientras él seguía sugiriéndole vinos a los comensales de otras mesas. Nos provocó decirle que, en ese caso, para aliviarle la tarea, prescindiríamos del vino, pero no nos dio tiempo, porque partió raudamente para seguir con su misión.

Como el Sr. Encargado de los vinos nunca más volvió, nos manejamos con el mozo. Comenzamos con Pisco Sour Catedral, un pisco sour excelente y de tamaño respetable. Tan bueno estaba, que seguimos con eso y aguas hasta el final.

Decidimos compartir unos piqueos  que vinieron, muy al estilo peruano, en grandes conchas, y ahí fue donde más sufrimos el tamaño de la mesa.  Nos acomodaron una mesita auxiliar pero resultó incómodo tener que ir pasando de mano en mano los platos para ir sirviéndonos.

Langostinos en camisa acompañados con una salsa de soya, conchitas rebozadas -pero sin el coral – con salsa de queso y calamares fritos acompañados de salta tártara y una salsa de ají amarillo. Todo delicioso.

Cinco en Línea eran 5 causitas, con pulpo al olivo, centolla, salmón, pescado y langostino. Muy bueno el trabajo del chef para lograr la textura lo más parecida posible a la papa amarilla.  Un poquito mas de ají y hubiera sido impecable.

El Cebiche Carretillero fue excelente. El mejor plato de la noche. Acompañado por un vasito con leche de tigre. Pero acá también me faltaron dos cosas, camote y choclo, los grandes compañeros de un buen cebiche.

Luego pedimos dos platos para compartir: La Corvina en Croute de hojaldre con Conchitas y Langostinos en salsa al Pernod. Un plato muy delicado y sabroso; y el Arroz con Mariscos, que me decepcionó un poco. Yo esperaba el clásico arroz gordito, con esa salsa melosa amarillenta pero no, éste era un arroz más bien finito, de los que “no se pasa no se pega”, y con un aderezo más bien chifero de color amarronado. De sabor no estaba mal pero no era el clásico que uno tiene en mente al pedirlo.

Finalmente llegamos a los postres y optamos por el Suspiro Limeño. Lo que nos trajeron no se parecía en absolutamente nada a un Suspiro Limeño. Ni la crema de abajo ni la parte superior, que en este caso eran unos merengues trozados. La Ponderación, un postre que no se encuentra fácilmente en los restaurantes peruanos de Buenos Aires, estuvo muy bien elaborado pero la salsa inglesa estaba un poco floja de sabor. Finalmente el Tocino del  Cielo, que también estuvo correcto pero sin ser sobresaliente.  Es una constante en los restaurantes peruanos en Buenos Aires, que los postres no lleguen a ser lo que realmente son en Lima, un lujo de sabor.

El café delicioso.

En síntesis, La Rosa Náutica de Buenos Aires tiene demasiados altibajos, especialmente en la atención, donde la eficiencia y calidez de la cocina y los mozos se ve opacada por el resto del personal, desde la recepcionista, pasando por el “Encargado de los vinos”, el que toma las reservas y hasta la gente que está en la caja, que arman grupete y se ponen a charlar en voz alta, ignorando a los comensales, como si estuviesen en un barcito de Palermo. Por lo demás, el ambiente, que es el punto fuerte de su par limeño, aquí es el punto más bajo. La decoración, directamente es desagradable. Es decir, La Rosa Náutica de Buenos Aires no ha logrado eludir la maldición de los docks de Puerto Madero, donde casi todo desciende al nivel de una demanda mediocre, y exhibe un marcado desequilibrio en la relación precio calidad.

RECETAS FALLIDAS

Este segmento se lo dedicaré a todas esas recetas publicadas, ya sea en revistas, diarios o programas de tv, en donde la falta de seriedad pareciera una falta de respeto al público al que está dirigida.

1. COLOR JENGIBRE.

En la página 40 de la revista MIRADAS, que reparte CABLEVISION, sale publicada una receta titulada COOKIES DE JENGIBRE. La persona que colaboró con esta receta a lo mejor no sabe que el Zingiber officinale, Jenjibre o kión, no es un color, sino  una planta de la familia de las zingiberáceas, cuya raíz está formada por rizomas, que son tallos subterráneos (con el perdón de Deleuze) horizontales, muy apreciados por su aroma y sabor picante.

A continuación los ingredientes de estas “Cookies de Jengibre”, en donde no se encuentra por ningún lado dicho ingrediente. Me hizo recordar al famoso “Suspiro Limeño” que publicó hace tiempo Martiniano Molina.

MANTECA FRÍA

BICARBONATO

HARINA

CACAO

AGUA

AZÚCAR NEGRA

MIEL

…..Y EL JENGIBRE??

NO HACE FALTA VERANO PARA UN HELADO.

Mi infancia en Lima, en relación a los helados, se resumía a una carretilla amarilla llevada por un hombrecito  que iba pedaleando y, cada tanto, haciendo sonar una corneta. Cuando escuchábamos el sonido inconfundible de los helados D’Onofrio, más de uno se asomaba por la ventana o salía a la puerta para gritar : ¡¡Heladero!! Y entonces el hombrecito venía con su carretilla, destapaba esa caja amarilla y aparecían los helados favoritos de todos… bueno, eran los únicos helados comerciales en ese entonces. Sin contar los bromistas que vivían molestando a los heladeros con el clásico: ”¿Tiene Buen Humor?” “Siii”” “Entonces cambia la cara”, “¿Tiene BB?” “Siii” “¿De cuántos meses?” “¿Tiene Jet?” “Sii” “¿Y por qué anda en esa carretilla?” y todo ese tipo de gansadas que realmente llegaban a aburrir y creo que mas de uno contestó que no tenía para no ser la burla del cliente. Entre los clásicos estaban el BB, un helado de agua, de diferentes sabores y el más económico, junto con el Bambino que era de crema,  luego estaba el Eskimo (pura fresa), el Sándwich de chocolate o de vainilla (galletas de vainilla o de chocolate rellenas con helado de crema), el Caravana (de vainilla recubierto de hielo naranja), la cajita de Bombón (una cajita larga que traía 6 bombones creo), el vasito bicolor y la copa Esmeralda (un vaso que tenía merengue en el fondo, helado de crema con mermelada de fresa, capa de chocolate y maní por arriba), el Buen Humor (puro chocolate), y en las épocas del mundial venían unos helados en unos envases de pelota de fútbol (Naranjito España 82), Frío Rico (cucurucho con helado de crema, baño de chocolate y maní por arriba), Jet (de crema con baño de chocolate duro) y seguro de me estoy olvidando de algunos.

El destino inicial de los D’onofrio fue Buenos Aires y por esas cosas de la vida terminaron finalmente instalados en Lima a fines de 1897.

antigua carretilla de D’onofrio

No me olvido de los famosos Marcianos y Chups que hacían en los barrios o cada uno en su casa. No era otra cosa que jugo de sobre metido en unas bolsitas largas y luego congeladas.

A la par de D’onofrio estaban los helados de la Heladería Palermo, en Jesús María. Helados caseros, cremosos y de frutas naturales.  Recuerdo que íbamos cada tanto y los comíamos parados en la puerta.

En la playa se podía encontrar una opción más, los helados Glacial. Helados de agua con palito, robustos en comparación con los D’onofrio, de sabores a fruta natural y cubiertos por un papel tipo glacé, muy fácil de sacar. El de coco era mi favorito.

Después aparecieron los helados Alpha, en la calle José Galvez en Miraflores, y nos descolocaron a todos. Un local pequeñito, al fondo, en una quinta cerca al malecón. En ese lugar tengo mis mejores recuerdos de los helados. Era increíble la cantidad de sabores, todos tan ricos y lo generosos que eran al servirlos. Las colas eran interminables, la calle se llenaba de carros y de gente, pero el esfuerzo valía la pena para saborear esos helados increíblemente deliciosos. Es ahí donde muchos conocimos el verdadero sabor de la lúcuma. Estábamos tan acostumbrados a la lúcuma de D’onofrio que cuando sentíamos la verdadera lúcuma, no la reconocíamos, pero resulta que esa era la de verdad y lo que habíamos conocido por lúcuma no era mas que un saborizante. Saborizante que muchos amamos hasta el día de hoy porque fue parte de nuestras vidas.

Casi al mismo tiempo aparecieron los helados de Lamborgini con sus famosos Tartuffos, la heladería 4D y Laritza, que se mantiene hasta el día de hoy. Mucha competencia y para los distintos gustos de cada cliente. Personalmente, los de Lamborgini no me gustaban mucho.

En mi casa pude saborear desde niña los “chupetes de aguaje”, helados de palito que en un principio traían desde Iquitos pero hoy ya se pueden conseguir elaborados en Lima. El aguaje es una fruta de la selva con un sabor muy particular, que no es aceptado por cualquier paladar.

Viviendo estos años en Buenos Aires creo que he probado los helados mas conocidos, obviamente no cuentan los de kiosco porque esos son golosinas, hablo de las empresas que tienen heladerías como Freddo, Volta, Saverio, Chungo, Munchis, Pérsico y seguramente me faltarán muchos para probar. En ninguna encontré esa variedad de frutas que podemos encontrar en Lima, pero entre ellas, ninguna puede competir con los de la Gelateria Due, que lamentablemente sólo se pueden conseguir en Ramos Mejía. Son helados que tienen una textura y sabor incomparables.

Mi recuerdo: el helado de manjarblanco de Heladerías Alpha. ¿El tuyo?

 (Foto de carretilla http://www.arkivperu.com )
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